martes, 12 de septiembre de 2017

Tragando mitos: Agustín de Iturbide



Si la Independencia de México se logró oficialmente el 27 de septiembre de 1821, ¿por qué no conmemoramos esa fecha? ¿Por qué, si él fue quien logró la consumación, no celebramos a Agustín de Iturbide junto a Hidalgo, Morelos y Guerrero? ¿No merecería incluso más reconocimiento que aquéllos?

Desde que estaba en la primaria, me había hecho estas preguntas. La forma en la que nos enseñan la historia de México es confusa, incompleta y contradictoria. Hay muchas cosas que no nos dicen y de las que sólo podemos enterarnos si seguimos aprendiendo por nosotros mismos, en libros dirigidos ya no a niños o adolescentes en edad escolar, sino a adultos que, se espera, tienen el criterio y estómago para aceptar ciertas verdades incómodas.

Por ejemplo, que los movimientos de Independencia y Revolución no fueron tan heroicos (ni exitosos) como nos dicen. Que en nuestro panteón de héroes nacionales coexisten próceres que se hicieron la guerra, se traicionaron o asesinaron unos a otros. Que se cacarea el inicio de la Revolución, pero ninguna consumación porque no queda claro cuándo, o si es que, terminó. O que la historia de México en general está llena de metidas de pata, traiciones, mezquindades, confusión y violencia, y que en ese caso es mejor tomarla con humor para no deprimirnos.

El problema es que esta deficiencia educativa prepara el terreno para la incepción de otras nociones, igual de equivocadas y maliciosas, si no es que más. Aquí es donde se cuela la visión histórica de revisionistas, hispanistas, mitófagos y demás caterva de chafaldramas que se acercan a decirte "Pss, pss, ¿qué crees? ¡Todo lo que te han enseñado sobre la historia es mentira! ¡Yo te voy a contar la mera neta del planeta!"



Acto seguido proceden a hacer lo mismo que tan chafamente hizo la SEP por nosotros, sólo que al revés. Es decir, nos presenta de igual forma una versión de la historia mitificada, romantizada, a medias, simplista y maniquea, con la única diferencia que cambia a todos los "buenos" canónicos por los "malos" usuales y a todas las "gestas heroicas" por "edades de oro". Así, nos pinta que personajes tradicionalmente villanizados, como Maximiliano de Habsburgo o Profirio Díaz, son los verdaderos héroes de la historia de México y que Hidalgo y Juárez eran seres repugnantes, mientras que periodos como la Colonia o el Porfiriato fueron momentos de paz y prosperidad arruinados por convulsiones fratricidas que no trajeron nada bueno. Y todo ello porque "la historia la escriben los que ganan" y los que ganan mienten, se entiende.

Pues bien, este tipo de personas tienen como uno de esos héroes a Agustín de Iturbide, Agustín I Emperador de México, Padre de la Patria, Consumador de la Independencia, Rompedor de Cadenas, Madre de Dragones, etcétera. Y cada septiembre despotrican sobre cómo deberíamos celebrar a don Agustín en vez de a Hidalgo, Morelos y su bola de chairos revoltosos que nomás trajeron sangre y destrucción a una Nueva España donde todo marchaba de lo lindo.

La realidad es que las cosas son más complicadas que eso, y para que no se deje engatuzar por cuando tragamitos circula en las redes sociales, déjeme le cuento la verdadera historia de Agustín de Iturbide y de la consumación de la Independencia de México.

El realista



Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu nació en 1783 en Michoacán, hijo de un vasco rico y de una criolla michoacana. Desde joven tuvo fama de mal estudiante y bravucón, pero también de astuto, valiente y ambicioso. Encontró su vocación en el ejército.

En 1808 Napoleón invadió España y depuso al rey Fernando VII, con lo que hubo un vacío de poder y confusión en las colonias. ¿A quién tocaba obedecer? Algunos sostenían que ya que el gobierno francés en España no era legítimo, la Nueva España debía declararse autónoma hasta que el rey regresara al trono. Con este plan en mente, los criollos del Ayuntamiento de la Ciudad de México, encabezado por Francisco Primo de Verdad, propusieron al virrey Iturrigaray para lograr la autonomía de la Nueva España.

Entran aquí dos grupos que, siempre aliados, han estado detrás del sabotaje de prácticamente todos los intentos de hacer avanzar la historia en este país: la Iglesia y los ricos. Éstos temían perder sus privilegios, de modo que para mantener el statu quo, dieron un golpe de Estado, depusieron al virrey y asesinaron a Primo de Verdad. Con ello frustraron el intento de lograr pacíficamente la autonomía del país. En fin, Iturbide, rico y próspero, no tenía interés en que la situación de la colonia cambiase. Se puso a las órdenes de los golpistas en 1808.

Esto es importante porque los criollos que anhelaban la independencia se dieron cuenta de que por las buenas y la vía legal no sería posible y que llegaría el momento en que habría que salir a coger gachupines. Así que cuando los revisionistas lloriquean porque "ay qué malote Hidalgo que se levantó con violencia", recuerden que el intento de hacerlo pacíficamente fue frustrado, como siempre, por los poderosos, y que su "héroe" estaba de parte de quienes frustraron ese intento.



En 1810 las tropas de Hidalgo (si es que se le puede llamar así a sus turbas iracundas y desordenadas) saquearon la hacienda de papá Iturbide, con lo que provocó la ira del gallardo joven, quien se unió a las fuerzas de Torcuato Trujillo para combatir la insurgencia. A lo largo de las primeras etapas de la Guerra de Independencia, Iturbide hizo carrera combatiendo a los rebeldes con sonado éxito. Por ejemplo, sofocó la guerrilla de Albino García en Guanajuato, hizo fusilar a 170 de sus hombres y al cabecilla lo descuartizaron.

Ah sí, porque Iturbide era famoso por la brutalidad con la que reprimía los brotes rebeldes. Sus tropas saqueaban y arrasaban pueblos enteros; mataron o mutilaron a miles de insurgentes, y no les importó masacrar a mujeres, niños o ancianos. Además, Iturbide tenía la costumbre de realizar fusilamientos masivos.

Esto es para cuando los fanses del Agus lloriquean "¡Ay, qué malote Hidalgo, goe, sus tropas mataban a un chingo de gente! ¡Remember the Alhóndiga!" O sea, sí. Hidalgo y Morelos hicieron también terribles crueldades y las de Iturbide no justifican las suyas. Pero la cosa es que los mitófagos suelen salir con que "Iturbide sí es héroe porque Hidalgo y Morelos eran unos asesinos", lo cual es una pendejada. No se pueden agarrar de eso para decir que uno fue "el bueno" y los otros "los malos", porque Iturbide fue igual de sanguinario, si no es que más.



Además, ya desde entonces Iturbide demostró tener tendencias despóticas. Gracias a sus hazañas militares, recibió el grado de Coronel y fue nombrado intendente provincial de Guanajuato en 1814. Iturbide aprovechó el puesto para convertirse en todo un cacique: monopolizaba el comercio y se apropiaba del presupuesto para su uso personal, además de que sus tropas robaban a los ganaderos y luego culpaban a los insurgentes.

Los notables guanajuatenses lo acusaron con Félix María Calleja, entonces virrey de la Nueva España, quien no hizo mucho caso, aparentemente porque recibía su tajada de los chanchullos de Iturbide. Pero el jueguito se le acabó cuando llegó un nuevo virrey: Juan Ruiz de Apodaca, quien sí escuchó las acusaciones y destituyó a Iturbide de su cargo. Acuérdense, porque esto es importante.

Para 1815 las cosas en la Nueva España tornaron a cierto estado de calma. Morelos y sus principales capitanes habían sido ejecutados; Apodaca ofreció un indulto real a los líderes insurgentes que quedaban y la mayoría de ellos aceptaron dejar las armas para vivir en paz. Sólo algunos líderes como Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria rechazaron el indulto y continuaron haciendo la guerrilla en zonas remotas del país, donde eran más un estorbo que una amenaza para el orden virreinal. Como Iturbide de verdad le caía mal al nuevo virrey, quien ya no tenía un buen uso para él en tiempos de paz, decidió refundirlo en una hacienda cerca de Chalco, cosa que el ahora popular y celebrado héroe realista no tomó con mucha gracia. Tomen nota.

El libertador



Ok, para entender lo que sigue hay que regresarnos a la Madre Patria y hablar de la Constitución de Cádiz. En 1812, con España ocupada por las fuerzas de Napoléon, un grupo de políticos, juristas y letrados liberales de la Península y de todo el Imperio Español se reunieron en la ciudad de Cádiz. Allí, acosados por los cañonazos franceses redactaron un nueva Constitución que acababa con el absolutismo y establecía una monarquía parlamentaria (siguiendo el modelo inglés). La Constitución de Cádiz (en cuya elaboración participaron representantes de la Nueva España) también abolía la Inquisición, el feudalismo, los derechos señoriales y el sistema de castas, con lo que otorgaba igualdad legal a todos los ciudadanos del Imperio Español. En fin, limitaba los privilegios del clero, la aristocracia y el ejército.

Esta constitución, liberal y revolucionaria, no pudo aplicarse realmente ni en España, que estaba en guerra contra los franceses, ni en la Nueva España, que estaba en guerra contra sí misma. Además, en 1814 el rey Fernando VII regresó al trono y lo primero que hizo fue echar a la basura la nueva constitución, porque al fin y al cabo el absolutismo lo manda Diosito. Aun así, la influencia de este documento fue tremenda para la historia de la Independencia, y ahora veremos por qué.

En 1820 una revuelta en España obligó al rey a reconocer la Constitución de Cádiz y éste no tuvo más remedio que hacerlo. La constitución tendría que aplicarse en la Nueva España, lo que causó que las clases privilegiadas paniquearan y empezaran a correr en círculos chocando los unos contra los otros. La Iglesia perdería muchos de sus ingresos y sus privilegios; los altos mandos militares, en su mayoría partidarios del absolutismo, podían ser llamados a España donde serían castigados por los liberales en el poder; los ricos perderían sus monopolios comerciales por las leyes del libre comercio.

Ante este panorama, empezaron a conspirar en el templo de la Profesa para dar autonomía a la Nueva España y que así se mantuviera el orden absolutista. Incluso pretendían invitar a su majestad Fernando VII para que gobernara México como monarca absoluto tal cual lo quiere Dios. O sea, si la guerra de Independencia inició porque sus líderes querían lograr un cambio radical para construir una sociedad más justa e igualitaria, al final se logró porque un montón de curas y riquillos querían dejar las cosas como estaban. Yey.

Los conspiradores de la Profesa querían que Iturbide, héroe para los realistas, regresara de su retiro para ser el líder militar de este complot. Para ello, convencieron al virrey Apodaca de que lo enviara a sofocar la guerrilla que Vicente Guerrero aun mantenía en las selvas del sur. Como a Iturbide estaba bien resentido contra el gobierno de Apodaca y veía la emancipación como una oportunidad de adquirir mayor poder, aceptó el trato.



Lo que sigue es bien conocido: en vez de derrotar a Guerrero, Iturbide empezó a cartearse con él para llegar un acuerdo. En 1821, después de mucha correspondencia, Guerrero salió al encuentro de Iturbide, se dieron un abrazo en Acatempan (es un decir) y acordaron luchar juntos por la Independencia de México con el Plan de Iguala. Se establecieron las Tres Garantías: religión, unión e independencia. Verde, blanco y rojo.

El resto fue como bajar una colina. Las guarniciones realistas se rendían o se sumaban al Plan de Iguala. Hubo muy pocos muertos en esporádicos enfrentamientos. Así como Iturbide había convencido a Guerrero, Antonio López de Santa Anna -otro realista de carrera- animó a Guadalupe Victoria a dejar la clandestinidad y unirse al movimiento. La Iglesia saludó el cuartelazo como una lucha santa contra la herejía liberal que había tomado posesión de España. En honor a Iturbide y el Ejército Trigarante, unas monjitas poblanas inventaron los chiles en nogada, que es lo mejor que salió de todo esto.

Cuando el liberal Juan O'Donojú, el último gobernante enviado por el gobierno liberal de España (no como virrey, sino capitán general), llegó a México, se dio cuenta de que no había nada más que hacer y firmó los Tratados de Córdoba en los que reconocía la independencia de la colonia. El 27 de septiembre de 1821, "casualmente" fecha de cumpleaños de Iturbide, el Ejército Trigarante entró triunfal a la Ciudad de México, con Iturbide a la cabeza como victorioso héroe. Y pos ahí termina la cosa.

Para ser justos, Iturbide no estaba interesado en llevar a cabo el proyecto de los absolutistas ni sentía mucho amor por los gachupines. Durante la guerra muchos criollos habían logrado avanzar en sus carreras militares y la llegada a México de más peninsulares (ni se diga el rey), significaría un retroceso para sus compatriotas. Su Plan de Iguala pretendía ser una especie de compromiso entre las ambiciones de los absolutistas y las de los insurgentes. Para la Iglesia, religión única y privilegios del clero; para españoles y criollos ricos, respeto a sus propiedades y puestos; para el pueblo, reducción de impuestos e igualdad ante la ley. El México independiente no sería una monarquía absolutista como querían los conservadores, ni una república como anhelaban los independentistas, sino una monarquía moderada. O sea, que trató de dejar contentos a todos. Lo cual, en este país, es suicida.

El Emperador



Para organizar el gobierno, Iturbide estableció una "regencia" encabezada por él mismo y llamó a conformar un Congreso del cual excluyó a los líderes insurgentes. El libertador se recompensó a sí mismo de 120 mil pesos anuales (el doble de lo que ganaba un virrey) y se regaló 20 leguas cuadradas de terrenos en Texas. Mientras, el país agonizaba en la ruina en que lo habían dejado 11 años de guerra civil.

Como Fernando VII obviamente no aceptó ser rey de México, y tampoco ningún otro monarca o príncipe europeo, en 1822 los seguidores de Iturbide lo proclamaron Emperador. El Congreso estaba tan intimidado que no tuvo más remedio que aceptarlo. Todo mundo lo celebró. Guerrero aceptó de buen grado la coronación. Sólo Guadalupe Victoria dijo fuck this shit y se volvió a ir a la selva para armar la guerrilla contra el nuevo tirano.

No le duró el gusto al flamante Agustín I. El país estaba todo dado en la madre, mientras él y la Emperatriz se afanaban para crear en México una parodia Región 4 de las fastuosas cortes europeas. Su pompa y derroche resultaron entre ridículos y ofensivos para un país que se estaba muriendo de hambre. Los ánimos de las masas son volubles, y quien fuera aclamado "portento del mundo", luego fue odiado por la mayoría. Las expresiones de descontento no tardaron en aparecer.

El país estaba lleno de enemigos de Iturbide. Los absolutistas querían que México volviera a ser parte del Imperio Español. Los republicanos querían, pues, una república. Nadie quería a Iturbide y lo culpaban de todos los males del país. Harto de sus conspiraciones, Iturbide disolvió al Congreso y mandó a encarcelar a sus opositores para gobernar él solito.




No es que el Congreso fuera un ejemplo de organización parlamentaria democrática. Pasaron meses y sus integrantes, electos por dedazo, ni madres que escribían una constitución y no más se la pasaban discutiendo sus sueldos y facultades. Hasta tenían la intención de convertirse en el órgano central de gobierno y que todo el poder quedara en sus manos.

Como sea, su disolución provocó la ira de medio país. Los antiguos insurgentes, como Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero se unieron en una rebelión en su contra, encabezada por Antonio López de Santa Anna, quien no más se levantó en armas porque Iturbide ya sospechaba que recibía sobornos de los españoles en San Juan de Ulúa y le había ordenado ir a la Ciudad de México. Santa Anna tenía buenos negocios y poder en Veracruz, y como no quería perderlos, optó por derrocar al ya de por sí nada popular Emperador. Eso lo hizo en nombre de la República, claro está, aunque, como él mismo confesaría después, en ese entonces ni siquiera sabía lo que significaba la palabra. En fin: Santa Anna, otro héroe al que los chupamitos de Internet tratan de redimir.

La insurrección tuvo un éxito rápido y en mayo de 1823, sólo ocho meses después de su coronación, Agustín I partió al exilio. Intentó volver en 1824; sus seguidores lo convencieron de que tenía simpatizantes en todo el país y que con nomás poner un pie en tierra firme todos se levantarían para regresarlo al trono. Pero no más era wishful thinking: casi bajándose del barco, Iturbide fue apresado. Ignoraba que el nuevo gobierno republicano lo había declarado enemigo de la patria. El Emperador fue fusilado el 19 de julio de ese año.

Un balance



A pesar de su título y de su armiño, Iturbide estaba muy lejos de ser un verdadero monarca al estilo de Napoleón o Federico el Grande. Fue más bien un caudillo latinoamericano, un dictadorzuelo de ésos que nuestras regiones han dado con prodigalidad: autoritario, incompetente, pagado de sí mismo, ridículo en sus aires de grandeza y, en última instancia, muerto como perro.

¿Por qué Iturbide tendría que ser considerado un héroe? Si evaluamos sus logros veremos que lo que realmente tiene es haber consumado la Independencia legal de México. Eso es todo. Además, lo hizo después de haber pasado años luchando para evitar que se diera esa Independencia, y con el apoyo de los poderosos que no querían perder sus privilegios, los mismos que por esa misma causa habían frustrado el primer intento pacífico en 1808 y combatido la insurgencia desde 1810.

A Hidalgo lo mataron a menos de un año de haber iniciado el movimiento, pero Morelos siguió esa misma lucha y quienes finalmente fundaron la República -Bravo, Guerrero, Victoria- empezaron peleando bajo sus órdenes. O sea, que hay una continuidad entre lo que inició el 16 de septiembre de 1810 y lo que culminó en octubre de 1824, así que pueden decir lo que quieran, menos que el levantamiento de Hidalgo fue irrelevante. Iturbide aparece como un paso más en ese proceso, un mal paso necesario al que había que darle prisa.



Si nos vamos a sus acciones veremos que como gobernante Agustín I fue pésimo y como militar fue un hombre tan cruel y sanguinario como se acusa que lo fueron Hidalgo o Morelos. Lo cierto es que las guerras eran así en esos tiempos y la magnanimidad no era lo más común. Y vamos, eso no hace que esté bien, pero no veo el sentido en hacer énfasis en que Hidalgo fue un asesino de masas porque sus tropas masacraron gente y que Iturbide fue un héroe porque sus tropas masacraron gente. Pos sí, a Hidalgo se le botó la canica, se creía invencible y se hizo llamar Su Alteza Serenísima. Pero Iturbide se hizo coronar Emperador, no mamen. 

Si nos vamos a sus motivaciones, como se vea Iturbide sale perdiendo. Porque Hidalgo quería abolir la esclavitud y el sistema de castas, y Morelos no sólo eso, sino fundar una nueva nación basada en la igualdad ante la ley y la separación de poderes para evitar la tiranía. Iturbide sólo era un oportunista, aficionado al poder y al dinero, que tuvo la suerte de estar en el lugar correcto en el momento correcto.

Si a personajes nos vamos, no sé ustedes, pero si he de escoger un héroe (y eso del culto a la personalidad no me late), la neta prefiero al cura dicharachero, campechano, mujeriego y bebedor, tan culto como desmadroso, que lo mismo hablaba latín, francés, náhuatl y purépecha, traductor de Moliére, amigo de los indios y los pobres, y tan aficionado al toreo que le dio por torear a sus prisioneros españoles. ¿Por sobre un niño rico hijo de papi que dedicó toda su vida a pelear por sus privilegios de clase? Sí, en cualquier momento.

¿Qué importa todo esto?



No se dejen engañar. Los hispanistas, mitófagos o cual sea el nombre que usen estos revisionistas históricos, así como sus maestros histo-pop, no están en pos del descubrimiento de los hechos objetivos para comunicarlos al gran público. Su propósito es construir y difundir una narrativa cuasi mitológica que vaya de acuerdo con sus posturas ideológicas conservadoras, si no de plano retrógradas. Nacionalismo decimonónico, catolicismo intolerante, autoritarismo fascistoide, clasismo, racismo, misoginia y homofobia abiertos o muy mal disimulados. 

Sus contradicciones son delirantes hasta la esquizofrenia: la Independencia fue mala porque la Colonia era un paraíso, pero el verdadero héroe es Iturbide porque él logró la Independencia; la Reforma fue mala y estaríamos mejor con el Imperio de Maximiliano, que el verdadero héroe es Porfirio Díaz porque él hizo la Reforma y derrotó a los franceses; que Juárez es un traidor proyanqui, pero que los conservadores que trajeron al ejército francés sólo querían lo mejor para México.

No es de extrañar que estos personajes se suban al tren del mame del derechairismo internacional, con su apoyo a Trump, su admiración hacia Putin, su lucha contra los fantasmas inexistentes de la "ideología de género" y el "marxismo cultural", y su coqueteo casual con otros fantoches asiduos a revisar la historia para contárnosla al revés: los neonazis. Pero el Mitófago tiene casi 200 mil seguidores en Facebook, así que le ha de estar funcionando.

Bibliografía:
  • Esbozo de historia de México - Juan Brom
  • La epopeya de México - Armando Ayala Anguiano
  • Historia de México - Héctor Barroy Sánchez



PD: Mi insurgente favorito es Guadalupe Victoria, era un verdadero badass y todos ustedes se la comen.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Manifiesto filosófico contra los eclipses



Siglo XVII, toda la Nueva España está ocupada por el Imperio Español. ¿Toda? Sí, toda. En aquella época una de las figuras más destacadas de la intelectualidad novohispana era don Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700). Una de las mentes más prolíficas y agudas que ha dado este pedazo de tierra al que llamamos México, don Carlos fue filósofo, científico, historiador, arqueólogo, poeta, pariente del barroquísimo Luis de Góngora y, por si necesitaba más credenciales, amigo cercano de Sor Juana Inés de la Cruz.

Y según Once TV, estaba bien papi.

En 1680 un cometa se dejó ver por el cielo. Lo cual, como se podrán imaginar, causaba pánico entre los habitantes de la Nueva España. Desde hacía siglos, los cometas habían sido vistos como portentos, señales de mal agüero, anuncios de tragedias por venir, castigo divino y ese tipo de cosas. El interés en los cometas, como en los demás fenómenos del firmamento, partía más de la astrología (es decir, magia) que de la astronomía (¡ciencia, nena!).

Entra en escena don Carlos, quien, harto del mame en que caía todo mundo, decidió aventarse un texto explicándole a la bandita que no, güeyes, que el cometa no es nada mágico ni nada a lo que había que temer, sino un fenómeno natural que puede comprenderse mediante la ciencia. Así, de 1681 tenemos el Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos. La última parte del título es lo que más me gusta, porque don Carlos dice claramente que va a quitar a los cometas el poder que tienen sobre los miedosos.



Resulta que en ese tiempo estábamos viviendo uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Occidente: ¡la Revolución Científica! Junto a Galileo, Kepler, Bacon, Hudgens y Harvey estaba uno de los más importantes científicos de esa época: Edmund Halley (1645-1742). Unos años más tarde, fue Halley quien en 1705 determinó que cierto cometa visto en 1682 (el siglo XVII fue pródigo en cometas) no era un objeto nuevo, sino que aparecía con regularidad en el cielo. Halley determinó la periodicidad de ese cometa de forma que sería posible saber cuándo aparecería la próxima vez (pasa cada 76 años, la próxima será en 2061). En su honor, el cometa lleva el nombre del astrónomo.

Pero aunque faltaban años para que Halley revelara sus descubrimientos, don Carlos estaba bien enterado de los avances científicos más importantes de la época y siendo él mismo un estudioso, su propósito era exponerlos al público (al que supera leer, claro... que no eran muchos). Su texto es importante porque marca una diferencia entre la superstición de la astrología y la ciencia de la astronomía. Claro, esto no gustó a todo mundo.



El famoso padre jesuita Eusebio Kino, a quien le debemos el vino más barato del país, escribió un texto defendiendo la visión tradicional con su Exposición astronómica del cometa, en la que acusaba directamente a Sigüenza de no seguir las enseñanzas del angélico doctor santo Tomás de Aquino, quien ya había establecido con toda su autoridad que los cometas eran enviados por Dios mismo para alertar a la humanidad de las desgracias venideras.

Don Carlos le respondió con un tratado científico en cuerpo y forma, Libra científica y filosófica, uno de los textos más importantes para entender el desarrollo de la Revolución Científica de este lado del charco. En efecto, la obra de don Carlos es una muestra de cómo la mentalidad de la gente educada comenzaba a abandonar el dogmatismo de la escolástica religiosa y encaminarse hacia el racionalismo que sería la marca intelectual de la siguiente centuria, el Siglo de las Luces.



¿A qué viene todo esto? Bueno, hace un par de semanas, específicamente el 21 de agosto del 2017, el mundo presenció otro fenómeno astronómico: un eclipse solar. Los eclipses solares son algo verdaderamente espectacular. Especialmente si vives en la región del mundo en la que la luna, al pasar frente al sol, logra taparlo casi por completo, y así el día se transforma momentáneamente en noche.

Dado que la luna es muuuucho más pequeña del sol, esto sólo se aprecia bien desde cierto ángulo (prueba tapar el sol con tu pulgar; te mueves tantito para un lado y ya no lo estás tapando). No obstante, con ayuda de cristales y filtros especiales, en esos otros lugares del mundo (como México) fue posible apreciar el disco lunar pasando frente al astro rey, lo cual era en sí fascinante.


El eclipse tal como se vio desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Dado lo especiales que son, los eclipses han sido momentos oportunos para estudiar el cosmos y así a lo largo de la historia muchos científicos han hecho importantes descubrimientos, desde Hiparco de Nicea, quien en el siglo II a.C. calculó con mucha precisión la distancia entre la Tierra y la Luna; pasando por el ya conocido Halley, quien determinó que el movimiento de rotación de nuestro planeta se había reducido desde tiempos antiguos, y hasta el famoso eclipse de 1919 durante el cual Arthur Eddington pudo comprobar el postulado de Albert Einstein, según el cual la fuerza de gravedad afecta también a los rayos de luz estelar.

También son oportunidades perfectas no sólo para contemplar un espectáculo muy poco frecuente, sino para acercar al gran público al fascinante universo de la astronomía, para impulsar en nuestros niños y jóvenes la curiosidad por aprender sobre las maravillas del cosmos y el porqué las cosas pasan como pasan.

Trayectoria del eclipse de 2017

O para paniquear por tonterías sin sentido, según cada quien. Porque resulta que esto del eclipse también generó miedos supersticiosos y se decía que la radiación, las "energías" y los rayos ultravioleta serían más fuertes y podría afectar a las mujeres embarazadas ¡dependiendo de los colores que usaran! Pero que las mujeres embarazadas podrían evitarlo usando prendas rojas y alfileres. ¿Fuentes? Cosas en Facebook que la gente comparte sin verificar porque no tiene criterio. 

Pos claro que esas creencias no tienen ningún sustento y quién sabe de dónde salieron. Ni el eclipse iba a emitir radiaciones peligrosas y si las fuera a emitir los colores de tu ropa y los alfileres no te salvarían.

Por lo menos una de esas publicaciones parece haber iniciado en tono de broma o sarcasmo, pero fue compartida muy sinceramente por toda clase de crédulos en Facebook. La parte en la que dice que "toda la comunidad científica del país (aproximadamente 7 personas)" debía darles la pista de que el asunto era guasa. Pero no, en tiempos de posverdad todo puede ser creído y todo puede ser descreído a según el estado de ánimo y los gustos de cada quien.



Lo más triste fue cuando el mero día del eclipse empezaron a aparecer las fotos de orgullosas mamás presumiendo que ya estaban listas, protegiendo a sus bebés con prendas rojas y alfileres. Pero no, señora, su hijo ya está condenado porque será criado por una tonta supersticiosa.

Sobra decir que tampoco es cierto que los niños que nazcan durante un eclipse sean superdotados (me atrevería a apostar que teniendo progenitores que crean eso, difícilmente tendrán inteligencias sobresalientes...). Y habrán notado que eso de que podías bajar varios kilos durante el eclipse fue una tontería. ¿Eh, gorditos?

Queridos habitantes de la Nueva España: el movimiento de los cuerpos celestes no afecta de forma alguna los asuntos humanos. No hay "energías" (concepto que los que lo usan no pueden ni definir) que provengan de los planetas o las estrellas y que afecten nuestra personalidad, nuestro destino ni nada de eso. Ni siquiera los fenómenos astronómicos inusuales como la aparición de cometas o los eclipses es capaz de provocar malformaciones, enfermedades ni locura. Los astros están tan lejos que cualquier influencia que pudieran tener (por la gravedad o la radiación, cosas que sí existen) quedaría anulada por la influencia del cuerpo más cerca a nosotros: la Tierra, nuestro planeta.



Pero parecería que muchos de nosotros siguen viviendo en tiempos premodernos, que la Revolución Científica no pasó por sus barrios. Vaya, si hasta el secretario de educación de Coahuila instruyó a los maestros para que no dejaran a salir a sus alumnos durante el eclipse y no fueran a correr "riesgos innecesarios". Tal parece que una buena parte de este país sigue tan perdida como los habitantes de la Colonia durante el siglo XVII, y que no importan cuantos "manifiestos filosóficos" se dirijan a combatir estas creencias, éstas hallarán a sus defensores y sus crédulos (incluso usando las herramientas creadas por la ciencia para socavarla). Perdónenos, don Carlos, le fallamos.

Para saber más:

Carlos de Sigüenza y Góngora: las letras, la astronomía y el saber criollo
El poder revelador de los eclipses
Los mitos más difundidos en México sobre el eclipse
Einstein tuvo que esperar a que un eclipse confirmara su teoría
Escepticcionario: Astrología

viernes, 1 de septiembre de 2017

El mexicanísimo arte de Jesús de la Helguera

Grandeza azteca


Seguro han visto sus pinturas e ilustraciones muchísimas veces y sin reparar mucho en ellos. Pero sus pinturas nos son familiares a todos los mexicanos. Se les puede ver en almanaques, afiches de películas, libros de texto y hasta en las planillas de ésas que comprábamos en las papelerías antes de que hubiera Internet.

Jesús de la Helguera nació en Chihuahua en 1910, pero su familia huyó a España, de donde era su padre, por causa de la revolución mexicana. Allí pasó su infancia, adolescencia y juventud. Como desde muy joven demostró una gran aptitud para el arte, a los 12 años inició sus estudios profesionales. Recibió la tutela de la figuras de la pintura española como Cecilio Pla y José Moreno Carbonero.

Ya un hombre casado y con hijos, tuvo que volver a huir a través del Atlántico cuando la Guerra Civil Española azotó el país. Jesús quedó enamorado de su patria natal, y se dedicó a viajar por México para aprender de sus paisajes, costumbres, historia y tradiciones pictóricas.

Así, su estilo se inserta en una época de nacionalismo revolucionario de los 30 y 40. La idealización de lo folclórico hasta niveles kistch, va de la mano con la estética del cine mexicano de la Edad de Oro y con el espíritu patriótico del gran muralismo de aquel entonces. Su obra, tan del gusto popular como las rancheras de Jorge Negrete, era reproducida masivamente por la industria editorial, y desdeñada por la crítica seria.

Sus pinturas, llenas de pueblitos coloridos e idílicos, hombres fuertes y vigorosos junto a mujeres pasivas y delicadas, paisajes prístinos o guerreros aztecas tan idealizados como deidades romanas, tuvieron que esperar algunas décadas para ser revalorizadas. Los inmigrantes e hijos de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos tomaron las imágenes producidas por Helguera como seña de identidad, y Carlos Monsiváis habló de él en sus escritos.

Lo cierto es que la obra de Jesús de la Helguera es muy mexicana, no porque retrate la realidad del país, sino precisamente porque no lo hace, porque esa ingenuidad evasiva que idealiza lo propio de esta tierra, es algo muy, pero muy de México.






















Más sobre el artista:

martes, 29 de agosto de 2017

Batman y Harley Quinn



Hey, amigos. Ego aquí. Hace tiempo que no tenemos una colaboración en este blog. Hoy le toca el turno a mi camarada y editor en Voz Abierta, Armando E. Torre Puerto, que nos trae, justo para el anuversario 25 de Batman: The Animated Series, su reseña de la peli animada que nos lleva de regreso al Universo Animado DC. Disfruten y no dejen de visitar su fabuloso blog sobre cómics, Ralph Dibney, The World-Famous Elongated Man.

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Dada la popularidad de sus protagonistas, Batman and Harley Quinn es una película que lo tenía todo para ser el regreso perfecto al Universo Animado de DC, justo a tiempo para celebrar su 25º aniversario... pero se quedó corta. El concepto, aunque potencialmente bueno, no maduró los suficiente y el resultado es una película entretenida y fácil de ver, pero intrascendente.

Esto puede resultar frustrante para muchos fans de largo kilometraje, ya que este 5 de septiembre se cumplirán 25 años del estreno Batman: The Animated Series y todo el universo de series y personajes que iniciaron con ella. Es un regreso, completamente legítimo con los creadores originales, pero que no le llega al material original.



La premisa de la película es simple y buena: algún tiempo tras su retiro como supervillana, Harley Quinn escapa del olvido ayudando (e irritando) a Batman y Ala Nocturna en un desventurado viaje para salvar el mundo de Hiedra Venenosa y el Hombre Florónico. La idea es que, con algo de empatía y fe en ellos, hasta los desadaptados como Harley tienen el potencial de salvar al mundo.

Como la misma película los define (desde el trailer) la química entre personajes es muy buena. Ala Nocturna ve algo rescatable y de valor en Harley, pero como esto va contra todo sentido común, Batman desconfía. A su vez, Harley ve mucho rescatable y de valor en Hiedra Venenosa, dejando a su cómplice, el Hombre Florónico como la mala influencia y fuente del conflicto.

La situación, en efecto, genera entretenimiento y situaciones humorísticas. Quienes prestamos atención a los detalles secundarios pero muy memorables de Batman: The Animated Series, por ejemplo, recibimos un hilarante tributo. No tiene mucho sentido, pero cumple su doble función muy bien.



Los actores de voz hicieron un buen trabajo. El Batman de Kevin Conroy estuvo impecable como siempre. Melissa Rauch (The Big Bang Theory) y Paget Brewster (Criminal MindsCommunity) son voces que definitivamente se sienten de reemplazo para Harley Quinn y Poison Ivy, pero como hacen un buen trabajo, eso sólo lo van a percibir quienes están acostumbrados al DCAU. El mejor aporte de la película en este sentido es el regreso de Loren Lester como Ala Nocturna. No sólo retoma el rol, sino que le devuelve el carisma y sincronía cómica que se perdieron tras las primeras dos temporadas de Batman: La Serie Animada.

Algunos fans del DCAU se ofendieron al ver el lado irreverente y sexy de Harley Quinn y en especial, de Ala Nocturna, pero son facetas que ya varias historias habían dejado bastante claros. Ambos son adultos de libido alegre, pero con suficientes modales de cama para esperar consentimiento. Y este resulta útil en el guión para establecer un vínculo de confianza entre ellos, que Batman no comparte.

El pecado real de esta película es la estructura del guión y la animación. El punto de toda buena road movie como ésta es mostrar un cambio entre personajes aparentemente incompatibles que se ven forzados a convivir mucho tiempo (Batman y Harley), pero aquí el énfasis estuvo en cómo ellos logran su objetivo inicial (detener a Hiedra y al Hombre Florónico). Este defecto es evidente desde el planteamiento, que hace poco por establecer la situación de los protagonistas, pero pone todo el peso en establecer el plan de los villanos a vencer.



El plot está bien, pero el punto de la estructura debió de ser mostrar como una Harley Quinn reformada pero atrapada en una vida sin sentido se transforma en una campeona. Hiedra igual queda abandonada. La película invierte los roles que ella y Harley tenían en la serie; ella se ve como secuaz de un hombre abusivo, y Harley es la amiga liberadora. Es una lástima que la estructura hace poco por lucir este revés.

La animación es decepcionante a simple vista. Recientemente Warner ha hecho maravillas visuales como Young Justice, pero Batman and Harley Quinn fue un retroceso. Se esperaría que algo producido en 2017 supere películas de los noventas como Batman: Mask of the Phantasm, pero hay hasta capítulos de la vieja serie con mejor animación. No es terrible, pero en muchos casos los personajes no están bien dibujados y los ángulos son aburridos.  No porque sea una comedia los ángulos tienen que parecer de sitcom grabado frente a un estudio (sólo faltaron las risas). Batman: Return of the Caped Crusaders también es comedia, está basada en lo que casi fue un sitcom, y tiene unos ángulos hermosos. 



Parte de la decepción con esta película es confirmar que ni el legendario productor y diseñador Bruce Timm es infalible. Tanto la animación como el guión hubiesen quedado bien con un poco más de tiempo. Quizás esos veinte días necesarios para que el lanzamiento coincida con el aniversario del DCAU también hubiesen logrado una mejor estructura.

A final de cuentas, Batman and Harley Quinn es una película que aunque se deja ver con facilidad, también deja bastante que desear a quienes llevamos 11 años esperando el condenado regreso del Universo Animado DC.

Calificación: 2.5 de 5. Obligatoria para fans de Batman: The Animated Series.

viernes, 25 de agosto de 2017

¡Dragones vs zombis! El realismo de "Game of Thrones"



NOTA: Una versión de este texto, ligeramente distinta, apareció en Voz Abierta después del final de la séptima temporada, con una reseña de la misma.


Este domingo se estrena el último capítulo de la penúltima temporada de Game of Thrones, una de las series más populares y aclamadas de esta “Edad Dorada de la Televisión”. También una de las más polémicas y criticadas, y de las que despierta más mame. Basada en la épica e inconclusa saga literaria de George R.R. Martin, A Song of Ice and Fire, ha sido objeto de muchas discusiones sobre sus diferentes aspectos: su fidelidad a la fuente original, su contenido violento y sexualmente explícito, sus implicaciones ideológicas y morales, su calidad narrativa y su consistencia, etcétera.

En esta penúltima temporada, una de las quejas que los fans han manifestado es que se ha perdido verosimilitud: suceden cosas muy descabelladas, demasiadas coincidencias improbables y contradicciones con cosas que antes ya se habían establecido. A esto algunos otros responden que “duh, es una serie de fantasía con dragones y zombis; puede pasar lo que sea”.

Por otra parte, ha habido quien desde siempre se ha quejado del exceso de violencia, muertes de personajes queridos y escenas sexuales innecesarias. Esto lo atribuyen al morbo tanto de Martin, como de los creadores de la serie y del público cochambroso en busca de sensacionalismo barato.

A eso responden los apologetas del show que “duh, es que es realismo, goe; así es la vida y la guerra”. A su vez, los críticos reviran “duh, qué realismo ni que ocho cuartos; si puedes decidir que haya zombis y dragones, puedes decidir que no haya tanta pinche violación”.

Dejando de lado a los unikos y diffferentes que son del 10% que nunca ha visto GoT y cuyas opiniones no importan, vamos a subirnos al tren del mame y tratar de aclarar estos puntos, cuáles son las virtudes y debilidades tanto de los libros como de la serie, y sobre todo, en qué consiste el ese tan cacareado realismo. Ojo, que voy a tratarlos como si ya hubieran visto y leído todo.


THE NIGHT IS DARK
AND FULL OF SPOILERS!



Realismo versus verosimilitud



Lo primero es entender las diferencias entre los conceptos de realismo y verosimilitud. Realismo se refiere a la fidelidad con la que una obra refleja la realidad del mundo, o sea, si lo que pasa en la obra coincide con lo que sucede o es posible en el mundo real.

La verosimilitud se refiere a la coherencia interna del relato. Por ejemplo, si ha quedado establecido que un personaje tiene cierta personalidad y motivaciones, no puedes hacerlo actuar de pronto y sin explicaciones de una manera opuesta. Tiene que haber una lógica interna.

Una obra puede ser fantástica y verosímil a la vez si respeta sus propias reglas. Por ejemplo, si ya estableciste que en tu obra hay vampiros que se mueren con la luz del sol, no puedes sacar un vampiro a pasear por la playa como si nada.

Existe una complicidad entre el autor y el lector, en la que este último decide suspender su incredulidad para disfrutar de una historia que sabe que no es o no puede ser verdad. Pero las inconsistencias rompen ese contrato tácito; sacan al lector o espectador de la ilusión en la que se encontraba y con ello le quitan algo del disfrute, lo cual naturalmente produce cierto enfado.

En general, GoT ha sido bastante congruente consigo misma, aunque a lo largo de sus ya muchos años, ha tenido momentos muy bobos que contradicen lo establecido. El problema es que esta última temporada nos ha dado muchos ejemplos así.



Es cierto que tratándose de una obra de fantasía es difícil determinar con claridad qué es posible y qué no lo es. En lo personal pienso que hay mucho nitpicking mamón. No veo por qué el Rey Helado no podría disparar su lanza mágica a tal distancia, o por qué los zombis no podrían tener las cadenotas con las que sacaron al dragón del agua helada (de hecho, ya los habíamos visto asaltar un puerto, de donde bien las pudieron haber tomado).

Lo que se me hace difícil creer es que, teniendo esos recursos, los zombis no hayan disparado jabalinas u otros proyectiles a nuestros héroes atrapados en el islote. Se me hace difícil aceptar la velocidad a la que se mueve todo mundo en esta temporada, y no porque yo sepa mucho del vuelo de los cuervos o los dragones, sino porque antes ya se había establecido que las distancias son enormes y que ir de un lugar a otro toma mucho tiempo. Y no es que tengan que mostrarnos todos los pormenores del camino; hay formas inteligentes de hacer elipsis.

En casos como ésos, responder “pues es que es una obra de fantasía” es una defensa simplona, perezosa y muy estúpida. Cosas como que Jorah Mormont se curara de lepra incurable con una noche de exfoliación en el spa de Sam es una estupidez que va más allá de toda fantasía. Y “pues hay dragones y zombis” no quita que eso sean pendejadas.

En realidad ese tipo de cosas no más me hace rodar los ojos sin que arruine del todo mi disfrute de la serie; lo que de veras me irrita es la actitud mamona de “es que es fantasía, goe”, porque están diciendo que los demás somos unos babosos que no entienden algo muy básico, cuando en realidad son estas personas las que está actuando como si no tuvieran criterio.

Lo bueno, lo malo y lo realista



Coincido con muchas de las críticas que se dirigen tanto a los libros como a la serie. Es cierto que Martin se mamó metiendo personajes y subtramas que no era posible llevar a ningún lado (Faegon, por ejemplo, o todo Dorne), complicando innecesariamente la historia en vez de hacerla avanzar, tomándose tiempos larguísimos para narrarnos que un personaje llegue del punto A al punto B, empeñado en mostrarnos todo el mundo y todas las civilizaciones que había creado (muy buen ejercicio de world-building, muy malo de narrativa).

La serie ha tomado muchas veces la decisión correcta de simplificar eliminando personajes y subtramas, y yendo al grano. Pero a cambio a menudo ha sacrificado la coherencia interna, dejando preguntas sin respuesta, haciendo actuar a personajes contra sus características ya conocidas y contradiciendo lo que ya sabíamos de este mundo imaginario, y todo para favorecer que la historia avance rápido, o no más por pura rule of cool y fan service.

Lo que tiene de genial la primera temporada (y el primer libro), es que inicia con un prólogo que te avisa “aquí va a haber magia”. Luego te sumerge en una historia de intriga política y suspenso, en un contexto social que intentaba ser un retrato lo más fiel posible de la Edad Media. Uno sentía que estaba viendo más una obra tipo The Borgias  o The Tudors que una serie genérica de fantasía y aventuras. Al final, te recuerda que “aquí, además de todo este desmadre, va a haber magia”. En sus mejores momentos esta saga no es precisamente El Séptimo Sello, pero sí se presenta como algo más sofisticado que, digamos, Las Crónicas de Narnia.

Desde el punto de vista narrativo, matar a Ned Stark es brillante, y matar a Robb es dos veces más brillante: te deja cimbrado el resto de la historia, sabiendo que tus héroes pueden morir en cualquier momento, y todo el suspenso consecuente es más fuerte. A su vez, eso es congruente con sus pretensiones de realismo.

Valar morghulis



Pero, ¿cómo se puede hablar de realismo en una serie en la que hay zombis, dragones, magia, elfos y demás? Bien, es que precisamente, Martin eligió ser realista en los asuntos humanos, es decir, en la psicología de los personajes y sus relaciones interpersonales, así como en la dinámica de las sociedades y en el tipo de acontecimientos que pueden ocurrir.

En efecto, Martin se basa principalmente en la Edad Media europea para crear el mundo de Westeros, con sus instituciones, valores, costumbres y creencias. Asimismo, varios acontecimientos y situaciones están inspirados en diversos hechos históricos. Por ejemplo, la Guerra de los Cinco Reyes se inspira en la Guerra de las Rosas (York vs Lancaster; Stark vs Lannister); la Boda Roja se basa en la Cena Negra, la religión del Dios Rojo es como el zoroastrismo, y la de los Siete es como el catolicismo; los dothraki son medio mongoles, medio sioux, y así por el estilo…

Pero lo más importante, Game of Thrones abandona una visión maniquea del bien y el mal típica de la fantasía heroica y en cambio nos presenta un mundo en el que junto al honor y la moral coexisten la traición y el abuso, porque los humanos somos capaces de ambos extremos; un mundo en el que entre los más nobles, como Ned Stark y Ser Barristan Selmy, y los más perversos psicópatas, como Geoffrey o Ramsay, hay muchas personas capaces de distintos grados de honor y de vileza.



Creo que a menudo caemos en interpretaciones simplistas cuando se trata de los contenidos morales de una obra. Que un autor retrate una sociedad misógina y clasista (como la Edad Media en la que se basa) no equivale a que la obra sea un vehículo de tales valores, o que el autor los comparta, o que sea eso lo que público busca. Hay que ir más allá de “si muestra A, promueve A”.

Martin no niega que existan el bien y el mal, y deja muy claro que pretende que simpaticemos con los buenos. Es sólo que los seres humanos somos mucho más complejos que sólo buenos o sólo malos, y que en la vida real no hay ningún principio metafísico que asegure el triunfo final del bien.

Basta revisar los libros de historia para recordar que muchas veces quienes tienen las más nobles causas fracasan. Algunos héroes tienen muertes indignas (Mahatma Gandhi, Martin Luther King), otros viven para ver y disfrutar los frutos de su lucha (Nelson Mandela). Algunos héroes tienen la fortuna de morir como mártires y convertirse en leyendas (Miguel Hidalgo) y otros viven para transformarse lentamente en villanos (Porfirio Díaz). Desde un principio, Martin estableció que su mundo sería, en los asuntos humanos, lo más parecido al mundo real.

Es coherente con esa visión que los buenos a menudo fracasen y los perversos triunfen, aunque eso obviamente no es lo deseable. Más aun, eso implica que cuando llegue el triunfo final del bien -que aunque no lo podemos asegurar en la vida, lo podemos esperar en el arte-, será todavía más emocionante por lo caro que nos ha costado.

Brincando al tiburón



Esa complejidad moral, esa sofisticación argumental, ese anclaje al mundo real que poco a poco se va mezclando con la magia y la aventura, son lo que hace de Game of Thrones una obra ambiciosa (aunque no siempre bien lograda), y lo que le ha atraído muchos lectores y televidentes.

¿Habrá algunos que sólo se emocione por las chichis, el gore y los dragones que pelean con zombis? Sí, y creo que son precisamente ellos los que salen con “¿de qué te quejas? es fantasía”.

No es que antes todo fuera perfecto, pero los errores eran más esporádicos, sutiles y fáciles de obviar. La serie ha tenido sus momentos muy pendejos, que han sido señalados, criticados y pitorreados puntualmente por los fans. Es sólo que esta última temporada ha sido pródiga en ellos, junto con las violaciones a la coherencia interna y la sobresimplificación.

La introducción de escenas de sexo gratuitas en las primeras temporadas siempre fue algo que los fans de los libros le criticaron a HBO. Es un recurso facilón, tan pueril como otro que abundado mucho en esta temporada: los rescates de último momento. Éstos casi siempre son emocionantes, pero van perdiendo efecto conforme más se usan. De igual forma eso de “todos los buenos mueren”, puede perder fuerza. Si se exagera en un sentido, la serie se vuelve boba; si se exagera en el otro, provoca rechazo en el público. A veces la serie ha logrado el equilibrio. Otras veces, no.

Sí lamento que algo se ha perdido de las primeras temporadas a las últimas, y sin embargo sigo disfrutando mucho de Game of Thrones, porque está más emocionante y espectacular que nunca, y se ha convertido en una de mis series favoritas. Sin duda ha dejado una huella en esta generación, creado escuela, elevado la barra de lo que podemos esperar de una historia de fantasía, y dado muchas, pero muchas emociones fuertes. Que al fin y al cabo eso es lo que buscamos en una buena historia: que nos haga sentir con intensidad.


viernes, 18 de agosto de 2017

Monstruos y héroes. Historias de horror y resistencia contra el nazismo



En 2013 inicié en mi página de Facebook una sección llamada Curiosidades de la historia, con viñetas breves sobre eventos, personajes y datos históricos poco conocidos por el público en general. Inició, como su nombre lo indica, para hablar de cosas curiosas, pero con el tiempo ha ido creciendo y evolucionando, y ahora es uno de mis proyectos favoritos.

A veces en ellas he querido recuperar aspectos poco conocidos de la historia con el propósito de vincularlos con asuntos del mundo actual. A veces de ellas se puede aprender lecciones importantes sobre los tiempos que vivimos.

Ante el crecimiento del fascismo en el mundo y en particular en los Estados Unidos, he decidido hacer una breve compilación de viñetas históricas que tienen que ver con el horror del nazismo y el heroísmo de quienes se ha opuesto a él. Me parecen tremendamente relevantes hoy. Veamos si aprendemos algo:

NADA DE QUÉ PREOCUPARSE CON HITLER



El 21 de noviembre de 1922 el New York Times publicó un artículo sobre Adolf Hitler, entonces ya líder del Partido Nazi, y cuya popularidad estaba ascendiendo de forma impresionante. 

La pieza describía la habilidad de Hitler para encender los ánimos de las multitudes que lo vitoreaban. Sin embargo, el Times aseguró que "numerosas fuentes confiables" afirmaban que el supuesto antisemitismo de Hitler era sólo un acto, un truco; que el austriaco simplemente usaba un discurso de odio contra los judíos para mantener entusiasmados a sus seguidores y así fortalecer su organización para finalmente llevar a cabo sus verdaderas agendas políticas. Que no había nada de qué preocuparse.

En 1933 Hitler llegaría al poder en Alemania y haría realidad el contenido de sus discursos. Primero fueron guetos, luego campos de concentración y finalmente campos de exterminio en los cuales murieron aproximadamente 6 millones de seres humanos, principalmente judíos.

Fuentes:
http://www.snopes.com/1922-new-york-times-hitler/
http://www.nytimes.com/times-insider/2015/02/10/1922-hitler-in-bavaria/?_r=0

EL HOMBRE DE LOS BRAZOS CRUZADOS



En junio de 1936, en medio de una multitud que saludaba a Hitler, August Landmesser se negó a reconocer al tirano. Nunca antes, quedarse con los brazos cruzados había sido tan grande gesto de valentía y dignidad...

...Y amor, pues Landmesser también tenía en mente a su esposa Irma, que era judía, y a la hija que tenía con ella. Las mujeres de su vida eran deshumanizadas por el discurso de odio del régimen nazi.
En 1938, Landmesser fue arrestado por "deshonrar a la raza" y llevado a un campo de concentración. Nunca volvería a ver a su esposa (entonces encinta) ni a su hija. Irma sería arrestada poco después, y tuvo que dar a luz a su segunda hija en prisión. 

Irma murió en las cámaras de gas en 1942, y August fue conscripto en la "infantería penal" para ir a luchar en Croacia, donde murió en 1944.

Las niñas Ingrid e Irene fueron separadas y cada una se refugió con diferentes familias. Sobrevivieron a la guerra, y al crecer, una de ellas adoptó el apellido de su padre, y la otra el de su madre, para mantener su memoria.


"THEY SHALL NOT PASS!"



Octubre de 1936. Hitler y Mussolini habían consolidado sus dictaduras en Alemania e Italia. La Guerra Civil Española, que daría como resultado el régimen de Francisco Franco, había iniciado ese mismo verano. El fascismo era visto aun como una ideología política aceptable por las tímidas democracias occidentales, libre para competir entre otras posturas y agendas.

Oswald Mosley, líder de un movimiento fascista británico, anunció marchas y mítines de sus camisas negras (a la usanza de Mussolini) en la zona de East End de Londres. Sus partidarios lanzaban discursos incendiarios contra los judíos y los migrantes, a quienes acusaban de todos los males de la sociedad. Miles de ellos marcharían justo por el barrio judío el domingo 4 de octubre.

Casi 100 mil vecinos del lugar, entre judíos y gentiles, presentaron una petición al gobierno para declarara ilegal esa marcha. Por esos días, linchamientos y asesinatos contra judíos eran ya comunes en los países gobernados por el fascismo. Sin embargo, el gobierno no sólo desoyó la petición, sino que asignó 7 mil oficiales de policía para asegurar libre paso a los marchantes.

Pero llegó ese día y sucedió lo inesperado. Judíos, irlandeses e ingleses; obreros, estudiantes, amas de casa y pequeños comerciantes; laboristas, socialistas, comunistas y anarquistas; hombres y mujeres, conformaron un contingente antifascista que superó en número a los fascistas y a la policía. Construyeron barricadas, y armados con utensilios de cocina, botellas y ladrillos, hicieron retroceder al contingente fascista. La marcha fue cancelada.

El grupo antifascista coreaba el lema "They shall not pass!", es decir "¡No pasarán!", en alusión a los republicanos españoles que resistían la agresión franquista. Ese día, los fascistas no pasaron.

Un mural conmemora la Batalla de Cable Street, como fue conocido el combate.

Fuente: 

UN ORGULLO PARA SU RAZA



Joe Louis era el boxeador negro más aclamado de los Estados Unidos. Max Schmeling era el boxeador ario más aclamado de la Alemania Nazi. La pelea estaba destinada a ser legendaria.

En 1936, la primera pelea fue ganada por Schmeling: nocaut en el duodécimo round. Su victoria fue usada como arma propagandística del régimen nazi: era la prueba de la superioridad de la raza aria.

Dos años después llegó la revancha. Louis noqueó a Schmeling en el primer round. Hitler estaba furioso y ordenó dejar de usar a Schmeling como propaganda.

A pesar de todo, Schmeling no era nazi. Se opuso públicamente a varias políticas del régimen y salvó a dos chicos judíos de la persecución de la Gestapo. Como castigo, Hitler lo envió a una misión suicida en Creta, de la que sin embargo regresó con vida.

Louis, por su parte, se enlistó en el ejército estadounidense cuando inició la guerra. En las fuerzas armadas se practicaba la segregación, y él mismo fue enviado a servir en un cuerpo exclusivo para negros. Así, con todo y ser un héroe nacional y un símbolo de esperanza para los afroamericanos, sirvió en un ejército que lo discriminaba por su raza. Cuando le cuestionaron al respecto dijo "Hay muchas cosas que están mal en este país. Pero Hitler no va hacer que estemos mejor."

En una ocasión alguien le dijo al periodista deportivo Jimmy Cannon que Joe Louis era un orgullo para su raza.

-Así es -respondió-, es un orgullo para su raza: la raza humana.

Fuente:

KEEP CALM



Seguramente hemos visto muchas versiones de esta imagen. El origen de este popular meme se remonta a 1939, en el contexto la Segunda Guerra Mundial. El gobierno británico colocaba éstos y otros carteles por Londres cuando la ciudad sufría los constantes y atroces bombardeos de la aviación nazi. La idea era alentar al pueblo londinense a mantener la moral elevada. Otros carteles contenían leyendas como "La libertad está en peligro, defiéndela con todas tus fuerzas" y "Tu coraje, tu alegría, tu resolución nos traerán la victoria".

Flema británica: es justo lo que se necesita para mantener la calma cuando te está bombardeando la Luftwaffe.


LA MARSELLESA EN EL CAFÉ DE RICK



Casablanca es una de las más célebres obras de la Era Dorada de Hollywood, ambientada en la epónima ciudad Marroquí, entonces bajo el régimen fascista de la Francia de Vichy, títere de la Alemania Nazi.

Hay una escena en este filme en la que, para acallar a unos alemanes que cantaban en el Café de Rick, el héroe checo Victor Laszlo, hace que la banda toque "La Marsellesa". En seguida, un coro de refugiados de guerra se une, con el llanto en la garganta y lágrimas en los ojos.

¿Conmovedora, verdad? ¿Y si les dijera que no es actuación?

En 1941, cuando se rodó la película, la Segunda Guerra Mundial estaba en curso. Francia estaba bajo la bota de la Alemania Nazi, Gran Bretaña resistía a duras penas y los Estados Unidos no tenían visos de querer meterse. No es sólo que Michael Curtiz, el director, fuera un judío húngaro con familia aún en Europa. De hecho, él consiguió a actores y extras que fueran realmente refugiados de guerra.

En especial la actriz Madeleine LeBeau: ella apenas había logrado escapar de Francia en 1940 con los nazis pisándole los talones. Ninguno de ellos estaba seguro de cómo terminaría el conflicto o de si alguna vez volverían a sus hogares en libertad. Es decir, cuando ustedes ven las reacciones de los parroquianos del Cafe de Rick, están viendo la pasión real de seres humanos reales.

Aquí la memorable escena:




EL TRABAJO OS HARÁ LIBRES



Ésa es la traducción del alemán "Arbeit macht frei", frase que ostentaba la entrada del campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, el mayor de los mataderos nazis y en el que más de 1 millón de personas (judíos, gitanos, eslavos, presos políticos, homosexuales y testigos de Jehová) perdieron la vida.


La frase se encontraba también en otros campos de concentración y era uno de los lemas que el régimen nazi había heredado de la República de Weimar. Su origen parece estar la novela moralista de Lorenz Diefenbach, titulada precisamente Arbeit macht frei, en la que exhorta a estafadores y tahúres a buscar el camino de la virtud en el trabajo honesto.

Sin embargo, en las puertas de Auschwitz, la frase se presenta como una burla de crueldad inhumana: los prisioneros eran esclavizados hasta que ya no resultaban útiles y entonces se les asesinaba. Un recordatorio de que un régimen tiránico y opresor puede prometerte toda clase de recompensas si "trabajas duro". Promesas que no tiene la menor intención de cumplir.


Fuente:


LOS TRIÁNGULOS ROSA




El aparato de opresión y exterminio nazi iba dirigido sobre más víctimas de las que por lo común se recuerda. Así como los judíos eran marcados con una Estrella de David amarilla, los homosexuales en los campos de concentración debían usar un triángulo de color rosa.

Alrededor de 15,000 hombres (y un número indeterminado de mujeres) homosexuales fueron a parar a los campos de concentración, donde la tasa de mortandad para ellos fue del 60%, pues recibían un trato especialmente cruel por parte de sus captores.

Tras la derrota del Reich, mientras que presos de otros tipos fueron liberados, los de los triángulos rosas fueron simplemente reencarcelados, tanto por la capitalista República Federal de Alemania, como por la comunista República Democrática de Alemania, pues en ambos países la homosexualidad continuó siendo un delito. Algunos pasaron muchos años en prisión después de la guerra.

Los homosexuales no comenzaron a ser reconocidos como víctimas del Holocausto sino hasta la década de los 80. Alemania no admitió su culpa frente a la comunidad gay sino hasta el año 2002.



¿ESTÁ BIEN GOLPEAR NAZIS?




No muchos lo saben, pero los cómics del Capitán América, creado por Jack Kirby y Joe Simon en 1941, aparecieron varios meses antes de que Estados Unidos entrara a la Segunda Guerra Mundial. Con todo, ya desde el primer número podemos ver en portada al Capi metiéndole un buen puñetazo al mismísimo Adolf Hitler. No a todos les gustó esta idea.

En ese entonces el nazismo era considerado una opción política válida como cualquier otra en Estados Unidos, donde había agrupaciones más o menos abiertamente nazis. Además, la mayoría de los estadounidenses consideraba que la guerra en Europa no era asunto suyo y que debían permenecer en el aislacionismo.

Para miembros de movimientos filo-nazis como "America First", el poner en la portada de un cómic a un personaje golpeando al gobernante legítimo de un país amigo era una ofensa imperdonable. Máxime cuando los creadores eran ambos judíos.

La editorial recibió múltiples insultos, peticiones para despedir a Simon y a Kriby e incluso amenazas de muerte por parte de los nazis locales. La cosa se puso tan grave que el mismo alcalde Nueva York, Fiorello LaGuardia, proporcionó seguridad para cuidar a la comañía y a los creativos. Resulta que LaGuardia no sólo era anti-nazi, sino que le gustaban mucho las historietas y aquel cómic del Capí le había caído de maravilla.

Entonces, ¿está bien golpear nazis en la cara? Sí, sí lo está.


ADOLFO EL LOBO



Theodor Seuss Geisel, mejor conocido como Dr. Seuss, es recordado con cariño como el creador de Cómo el Grinch se robó la Navidad y otras hermosas historias infantiles clásicas. Pero también tuvo una etapa como caricaturista político.

En 1941 publicó la caricatura que aquí se ve. Representa a una madre leyendo la historia de Adolfo el Lobo (Hitler, claro está). La leyenda reza:"...Y el lobo masticó a los niños y escupió sus huesos... Pero ellos eran niños extranjeros, así que no importa."

La crítica iba contra el aislacionismo de los estadounidenses ante el avance de los nazis en Europa. Muchos refugiados, especialmente en nombre de sus niños, habían solicitado asilo en los Estados Unidos, pero se les había negado debido al rechazo de una buena parte de la sociedad. La playera de la mujer en el cartón dice "America First", referencia a un grupo aislacionista filo-nazi que se oponía a acoger refugiados.

Entre los niños refugiados a los que se les negó asilo se encuentra la tristemente célebre Anne Frank.
Más información:
LOS MOSQUITOS ASESINOS DE HITLER




Otoño de 1943, las tropas británicas y norteamericanas avanzaban hacia el norte por la Península Itálica, obligando a las fuerzas de la Alemania Nazi a replegarse. Entonces Heinrich Himmler, y el entomólogo Erich Martini llevaron a cabo un plan: atacar a los Aliados con mosquitos portadores de malaria.

Para ello inundaron los caminos que llevaban a Roma, usando en reversa las bombas que normalmente se empleaban para drenar los ríos y pantanos. Después, los nazis soltaron millones de larvas de Anopheles labranchiae, una especie de mosquito portador de la malaria.

Las tropas británicas y estadounidenses fueron tratadas con la medicina correspondiente, por lo que el plan de los nazis fracasó. Sin embargo, la población italiana local no estaba preparada para esto: los casos de malaria pasaron de 1,200 en 1943 a casi 55,000 el año siguiente. La malaria siguió siendo un grave problema de salud pública en la región hasta que los pantanos fueron drenados nuevamente en 1950.

La región, fluvial y pantanosa, siempre había sido problemática, y desde tiempos romanos se habían llevado a cabo grandes obras hidráulicas para impedir el estancamiento de agua y la proliferación de la enfermedad. Su nombre, por cierto, viene del italiano medieval "mala aria", un mal aire, pues se creía que el aire de los pantanos la producía.

FRANCIA NEGRA, FRANCIA LIBRE




En la imagen se puede ver a dos soldados africanos luchando en Francia en invierno de 1944. Con la mitad de Francia bajo el gobierno de Vichy, títere de Hitler, y la otra mitad bajo control directo del Tercer Reich, la Francia Libre dependía de sus tropas coloniales para hacer la guerra.

Más de 200 mil soldados africanos pelearon como voluntarios por la Francia Libre en la Segunda Guerra Mundial. 25 mil de ellos murieron en combate y otros tantos miles fueron masacrados por los nazis en campos de prisioneros. Uno de esos soldados, y que logró escapar "por un pelo" de ser asesinado por los nazis, sería el futuro presidente de Senegal, Leopold Senghor.

Una vez liberada Francia, Charles De Gaulle consideró que era demasiado peligroso tener a tantas tropas africanas en Europa, por lo que ordenó el "blanchiment" (blanqueamiento) del ejército, sustituyendo a los soldados negros por nuevos reclutas blancos.

A pesar de su valerosa contribución a la derrota del nazismo y la liberación de Francia, los soldados africanos sufrieron discriminación y malos tratos. No se les pagó lo prometido y se les negó el derecho a una pensión, además de que fueron borrados de la historia nacional.

Ver más:
QUIEN SALVA UNA VIDA..



En  1938 el corredor de bolsa inglés Sir Nicholas Winton viajó a Checoslovaquia para visitar a un amigo. Ahí conoció la situación de los campos de prisioneros atestados de judíos y disidentes políticos que huían de la región de los Sudetes, recientemente anexada por la Alemania Nazi.

Alarmado por las condiciones en que se encontraban los refugiados, por la violencia que sufrían los judíos en territorio nazi, y por la certeza de que Hitler pronto invadiría el resto de Checoslovaquia, Winton organizó el rescate de 669 niños, que gracias a él pudieron escapar del Holocausto y encontrar una vida segura en Inglaterra.




El gobierno español, en apariencias neutral, pero de hecho aliado de Hitler, ignoraba sin problemas la realidad del Holocausto. No así el jefe de la legación española en Budapest, Ángel Sanz Briz.

En 1944, cuando el Tercer Reich estaba a la defensiva y el exterminio se aceleraba, Sanz Briz encontró un decreto de 20 años antes que reconocía como ciudadano español a todos los descendientes de los judíos sefardíes expulsados de la Península Ibérica por los Reyes Católicos.

Briz obtuvo la autorización y comenzó a literalmente sacar familias enteras de los vagones que llevaban judíos a los campos de exterminio. Sefardíes o no, Sanz Briz hizo lo que pudo y salvó la vida de 5 mil personas.

Gilberto Bosques era el cónsul mexicano en el puerto francés de Marsella. Tras el ascenso de Franco en España, muchos habían huido a Francia, pero ahora en 1940 este país había sido ocupado por la Alemania Nazi.

Entonces Bosques dedicó sus esfuerzos a salvar las vidas de miles de personas amenazadas por el fascismo. Para ello, otorgó visas mexicanas que garantizaban un salvoconducto para viajar a este país. Unas 40 mil personas lograron escapar de la Francia ocupada y salvar la vida gracias a él, incluyendo a personajes como María Zambrano, Manuel Altolaguirre, Max Aub, Leonora Carrington y Brigida Alexander.




Bajo las órdenes del dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar, estaba prohibido a los diplomáticos portugueses ayudar específicamente a los judíos, rusos o refugiados de otros países.

En 1940, el cónsul portugués en Burdeos, Arístides de Sousa Mendes, era buen amigo del  rabino Chaim Hersz Kruger, y le ofreció darle la documentación necesaria para salir de Burdeos. Kruger se rehusó: no iba a dejar a sus compatriotas y feligreses para salvarse él mismo.

Sousa tuvo un momento de iluminación: debía salvarlos a todos. Así que desoyó las órdenes de su gobierno y decidió ofrecer visas portuguesas gratuitas a todo aquel que lo pidiera. 38 mil personas, entre ellas 10 mil judíos, pudieron escapar de Francia gracias a sus esfuerzos.

Reza el Talmud "Quien salva una vida, salva al mundo entero". Vidas como ésas son las que valen la pena vivirse.

Fuentes:

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